Ven.
Mira mi tierra agrietada y sedienta
acógela en tus manos y siémbrala de caricias.
O mejor espera, quédate ahí;
guardián inmóvil de puertas abiertas.
La respiración se agita,
el pulso se acelera.
El corazón se sobresalta
y como antenas verticales
hacia cielos magnéticos,
se elevan alzados
erectos salientes.
Vagando por curvas de cuero sedoso
Viaja mi mano hacia el jardín escondido,
arbusto rizado junto a estanque embebido
apenas rozado por un dedo curioso.
Visitante que duda tocando sus bordes,
Impúdico viajero;
explorador improvisado de profundidades.
Ven.
Festeja el agua en la oquedad salada.
Remolino agitado, espiral enloquecido.
Un riachuelo salado se filtra mojando mi suelo
y como perla brillante se levanta erguido,
el pequeño centinela del placer prohibido.
Ven.
Escucha mi cuerpo que ansioso te llama.
Lame la especia de mi piel ruborizada,
los dedos mojados que te doy en ofrenda,
las lagrimas saladas que dejo brotar.
Ven.
Hazme gozar.