¡BIENVENIDO!

Bienvenido a mi árbol. Deseo que te sientas a gusto en cada una de estas ramas y disfrutes leyendo como yo al escribir. Aquí encontrarás relatos, poemas, experiencias diversas y frases favoritas de Catalina Buher, mi "alter ego" humano. Eres libre de opinar, comentar, sugerir o criticar, siempre que lo hagas con respeto.


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Escoge tu lengua

sábado, 30 de junio de 2012

En los zapatos de otro


Yo era un mengajo de niña cuando empecé a usar zapatos de tacón. Me gustaba el claqueteo del roce del alza contra el ladrillo rojo brillante del suelo de la casa. Mi madre decía que eran zapatos de pico de golondrina; a mi me parecían de piel normal como todos los zapatos, con el talón más alto y la cara puntiaguda igual que la de un boquerón; pero normales. Más tarde comprendí que no se refería al material, si no a la forma aguda de su punta. Por qué no se llamaban de “cara de boquerón” en lugar de “pico de golondrina” es algo que nunca supe. Me encantaba meter mis pies menudos, en aquellos enormes zapatos que brillaban como espejos. Para mi eran zapatos mágicos, como las botas de siete leguas del gigante de pulgarcito; pero en lugar de llevarte lejos, te hacían crecer. Al llevarlos cambiaba mi perspectiva del entorno. No era igual ver el borde de la mesa, que la superficie y lo que en ella hubiese; el tapete, las gafas de la abuela, el platito de porcelana china al que siempre iban a parar los botones que se caian de las camisas... 


Cuando dí el estirón perdí el apego por ese tipo de calzado. Ahora nunca los uso; sin embargo, pienso que la costumbre de subirme en aquellos tacones ha echo de mi una persona más empática con quienes me rodean. Intento ponerme en su lugar, calzarme sus zapatos y como entonces, ver qué hay por encima del borde. 
                                  
                             * * * * * * * * * *


En la zapateria de Gastón teneis muchos modelos a elegir.  http://www.gastondavale.com/2012/06/este-jueves-un-relato-en-los-zapatos.html

Se me murió el ordenador el martes pasado y hasta hoy no he estado operativa. (Parece que el diablo se aburre, no sé)
 

20 comentarios:

Pepe dijo...

Hola ardilla:
Ese asomarte al mundo de los mayores desde los zapatos de tu madre, te permitía una perspectiva distinta, ver cosas que sin la colaboración de esos zapatos no hubieras apreciado. Es lo que tiene intentar ponerse en la piel, en los zapatos de los demás, que amplia nuestra visión de las cosas, que podemos apreciar más y mejor otros puntos de vista, comprender actitudes y posturas que si no hacemos ese ejercicio de aproximación nos pueden resultar incomprensibles.
Me encanta verte encaramada a tu árbol.
Un abrazo.

Lupe dijo...

Querida y añorada Cati.

Acabo de entrar en mi ordenador y encuentro tu relato. ¡Qué alegría leerte de nuevo! Se te echaba mucho de menos ¿sabes?

Como siempre, un placer pasar por tu árbol y, sobre todo, la calidez que le das a tus letras.

Un fuerte abrazo.

Lupe

P.D. Si este verano vas a Murcia, a ver si te pierdes unas horas por Valencia...

maria jose moreno dijo...

Me encanta que estés de nuevo por aquí. Tierno y entrañable relato el que nos trames que creo hemos compartido todas de pequeñas. Besos

Matices dijo...

Una visión de altura... algo que en esos años era como asomarse a lo que nunca se ve... como cuando mirabas por una ventana y solo veías el cielo, con los años vas viendo todo lo que hay abajo, la vida y la curiosidad que siempre queda satisfecha en algún momento.

Bienvenida de nuevo, Besos!

Teresa Oteo dijo...

Hola ardilla roja!
Por lo que he visto en tu blog compartimos profesor.
Yo, de pequeña, también le cogía los zapatos a mi madre, se veía todo desde otra perpectiva.
Ahora, sin embargo nunca uso tacones.
Un placer leerte.
Besos.

San dijo...

Creo que a casi todas las niñas les gusta calzarza los zapatos de tacón de sus madres, le da esa sensación de ser mayor, las eleva a ver más allá. Es una forma de aprender, en la vida hay que ver más allá a cada paso.
Besos ardilla.

Abilio Estefanía dijo...

Querida Ardilla, cuanto tiempo sin saber de tí.
Ahora casi se está mejor debajo de los árboles para estar a la sombra.

Un beso enorme. Que me alegro de tu vuelta.

Leonor dijo...

Veo que tenemos algunas cosas en común, como tú, me gustaba ponerme los tacones de mi tía y taconear por toda la casa, incluso me daba alguna escapadita por el barrio, y tampoco ahora me gusta usarlos, voy más cómoda con zapatos planos. Y otra cosa, me encantaba estar subida a los árboles. Un beso.

Sindel dijo...

Es cierto que uno de pequeño tiene esa curiosidad de usar los zapatos de tacón, se descubre un mundo nuevo, pero hoy que somos grandes al menos para mí son incomodísimos!!!
Me gusta tu reflexión final, de haber aprendido a ponerte en los zapatos ajenos.
Un abrazo.

Carmen Andújar dijo...

Cuando somos pequeñas y bajitas, nos gusta ponernos las cosas de las personas mayores, entre ellas los zapatos y si son de tacón mejor. Como dices tú, son plataformas que nos hacen ver el mundo desde otro punto de vista, que con nuestra altura no alcanzamos, y nos hace soñar.
Muy bien contado ardilla
Un abrazo

Gastón Avale dijo...

Bellísimo relato para reflexionar... asomarse al otro mundo es dificil pero sin dudas es necesario para comprender un poco más la vida. No tenía agregada a la lista, pero ya lo hice... un besito!

Natàlia Tàrraco dijo...

Desde cierta prespectiva, desde lo alto se contempla el paisaje humano, como las ardillas desde una rama de pino y cuando se baja a ras de tierra se ven en contrapicado o de tú a tú, la cuestión es observar desde todos los puntos de vista, intentar comprender lo que sucede en pellejo ajeno.

Una gran alegría verte de nuevo juevera amiga Ardilla, cuídate mucho y ese ordenador, ay, a veces pocho, pachucho, que no te falle.
Besito muy contento.

Ceci dijo...

Encantador relato! nada como subir unos centimetros la altura para ver las cosas diferentes, la perspectiva cambia y se agudiza la reflexión. Un placer leerte Ardilla.
Un abrazo

Neogéminis dijo...

Pero qué conmovedor relato!...suerte que te decidiste a subirlo, aún con retraso, hubiera sido una pena no tenerlo entre nuestros textos jueveros de esta convocatoria!
Me sensibilizó particularmente esa ansias de crecer que los zapatos lograban satisfacer!...a veces los chicos no nos comprenden y pese a todo lo intentan, valiéndose de ingeniosos recursos, como este que cuentas!
Muy tierno relato, me encantó.
Un abrazo

Any dijo...

No te había visto Ardilla.

Tierno me pareció tu texto. Como no recordar esos zapatos de mamá desde los cuales la vida se veía diferente claro. Tampoco los uso hoy día, pero en aquel momento eran importantes.
Me gustó mucho este jueves
un abrazo

Luis Rodriguez dijo...

Sensible relato, esos zapatos tan venerados, aunque el tiempo nos hace cambiar la perspectiva y después terminamos optando nuestros propios zapatos...
Saludos desde Uruguay

Manuel dijo...

Siempre una alegría verte de nuevo asomando por tus ramas. ver la vida con otra perspectiva, de vez en cuando si que es necesario pararse y replantearse nuestros conceptos bien solos o bien ayudados por los zapatos de otros.
Un beso

Anónimo dijo...

Alparcero, dice:

Aysssssss, qué bonito este reencuentro con tu blog. Lo cierto y verdad es que estos tiempos que corren no permiten parar mucho para poder disfrutar de las cosas bellas: personas, naturaleza, o creaciones como las tuyas. Pero, cuando detienes un momento la carrera y miras o lees algo como tus relatos, uno coge de nuevo energía para poder seguir corriendo como alma que lleva el diablo, seguramente, con destino a ninguna parte.

Leerte es un placer: son un placer tus descripciones, tus reflexiones, tu bonhomía, casi comparables a esos ojos verdes tan bonitos que tienes.

Besazo...

izara dijo...

Hola Cati.
Una alegría verte de nuevo por aquí.
Parece que el entrañable arbol amigo, sigue mezclando sus hojas con las letras, de esa sabia forma en donde la nostalgia y la ternura se juntan en su nido.
Gracias por acordarte de mis jaras.
Te invito que visites un refugio,
para amigos

http://josebazare.blogspot.com.es/

Un fuerte abrazo Cati.

Tarjetas de Asistencia dijo...

que bonito relato y el termino reflexivo que da de las etapas en las que caemos los seres humanos desde el episodio mismo del nacimiento, los zapatos? en cuales zapatos hemos combatido cual ha sido nuestro tacón en la vida, gracias por tu espacio un abrazo

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