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martes, 3 de febrero de 2009

Cuando hablé con Dios

Faltaba una semana para el 28 de Agosto, día de San Agustín, patrón del pueblo. Desde hacía un par de años, pasaba las fiestas en casa de mis abuelos y era mi tío Antonio el encargado de llevarme a la feria. Jugábamos a la tómbola, subíamos en el tiovivo y me compraba algodón dulce. Han pasado ya bastantes años. En aquél tiempo la luz eléctrica no había llegado a todos los rincones del país y tampoco todo el mundo se podía permitir el lujo de tener un coche o una motocicleta.

Mi tío iba a trabajar en una bicicleta y yo siempre le esperaba en la calle mientras jugaba. pero aquel día hizo mucho calor y mi abuela no me dejó salir, de modo que me entretuve ordenando mi cofre de los tesoros: tapones de corcho, una colección de cromos del chocolate, piedras de formas extrañas, recogidas en la pedriza que había junto al viejo pozo… Las cigarras deliraban por la altísima temperatura y ofrecían un monótono concierto desde el pino que había frente a la casa.

Escuché el ruido característico de la gravilla al paso de las ruedas de la bicicleta del tío y me asomé por las rendijas de la persiana para verle llegar. El calor desprendido del suelo hacía que las chumberas se movieran como espectros fantasmales. Así como la figura del tío, que tras dejar la bicicleta bajo la sombra del pino, se acercó muy despacio a la casa.  Abrió la puerta y apenas cruzado el umbral, cayó desplomado al suelo. Al verlo con los ojos cerrados lo llamé con insistencia: ¡tío Antonio!, ¡tío Antonio!… Quería despertarlo, pero no me contestaba. Nervioso, fui corriendo a llamar a la abuela que estaba trasteando en la cocina y cuando llegamos a su lado ya se había incorporado.

Permanecía sentado en el suelo y tenia muy mala cara; estaba muy pálido, casi del mismo color que los cirios de la iglesia y mi abuela alarmada me dijo: -Vete a llamar al abuelo que está en el patio y dile que deje lo que esté haciendo y que vaya a buscar al médico; que el tío ha llegado muy malo del trabajo. 
La casa de mis abuelos estaba en el campo, y el teléfono mas cercano a dos kilómetros, por eso lo más rápido era ir a buscar al médico uno mismo. Corrí lo más rápido que pude y le transmití el mensaje. Estaba colgando espantapájaros en una de las parras, y al oírme, soltó las cintas de colores y las latas de leche condensada que llevaba en las manos, y sin ir a cambiarse de ropa, fue a buscar la bicicleta.

Cuando entré a la casa, mi abuela le ponía sábanas limpias a la cama y mi tío estaba sentado en la mecedora. La palidez de su rostro había cambiado a un color indefinido entre gris y verde, tenía perlitas de sudor en la frente y se quejaba de tener un fuerte dolor de vientre. Mi abuela, no sabía que hacer para aliviarlo y le trajo un agua de limón, pero no le sirvió de nada y vomitó. 

Yo nunca lo había visto tan enfermo. Lo miraba asustado desde la puerta de la habitación y por los nervios, enroscaba el dobladillo de mi camisa entre los dedos. Mi abuela se afanaba en ponerle paños húmedos en la frente y las muñecas, hasta que por fin oímos llegar el coche del médico. 
Estuvo haciéndole muchas preguntas… qué había comido, qué había bebido… y con el termómetro le miraba la temperatura. Tenía mucha fiebre. Dijo que era conveniente ponerle suero, porque con tanta fiebre, los vómitos y el calor extremo que hacía, podría deshidratarse. 

En ese momento el médico no lo traía consigo y debía volver a su casa a buscarlo, pero antes de marcharse, sacó de su maletín un frasquito con un líquido lechoso y de uno de los bolsillos, una cajita metálica donde guardaba una jeringuilla. Yo enseguida supe que le iban a pinchar, porque reconocía muy bien el instrumental. Mi abuela ya nos había puesto muchas inyecciones a todos pero sobretodo a mi, que siempre estaba con anginas. Una vez le inyectó el líquido en el brazo, y se marchó a buscar el suero.

Entretanto llegó mi abuelo. La abuela entraba y salía de la habitación. Una de las veces trajo un platito con jazmines que puso en el poyete de la ventana.Yo observaba todo ese trajín, veía a mi tío con la cara de la muerte dibujada en la suya, el semblante serio de mi abuelo y la patente preocupación de mi abuela. Creo que fue la primera vez que tuve consciencia real de la muerte y tuve miedo.
En ocasiones había visto a la abuela rezar el rosario. Y a veces me hablaba de Dios y de su infinito poder; así que, sin estar muy seguro de cómo hacerlo, pensé que tenía que hablar con Dios. 

Mirando a mí alrededor para no ser visto, me dirigí de puntillas hasta la mesilla donde había un pequeño crucifijo de plata. Lo cogí entre mis manos y cerrando los ojos dije muy bajito… -“Dios, haz que mi tío se cure pronto y que no se muera, amén”. E imitando los movimientos que tantas veces había visto hacer a mi abuela, hice con torpeza la señal de la cruz y besé el crucifijo. Durante el resto de la semana el doctor vino cada día y el domingo, como los años anteriores, pudimos ir a pasear juntos en el tiovivo y comer algodón dulce. Hoy no tengo dudas de que lo curaron las inyecciones, pero en mi mente de niño tenia la certeza de haber hablado con Dios.
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16 comentarios:

Mercedes dijo...

¿Quién dice que Dios no pueda convertirse en inyección si un niñito se lo pide?
Leí una vez, que una mujer se cruzó con un mendigo lleno de heridas. Levantó los ojos al Cielo y dijo: Señor ¿no podrías hacer algo por este hombre? Y Dios le contestó: Ya lo he hecho; te hice a ti.
Ardilla, una historia preciosa narrada con la sencillez de un niño y el asombro de quien la lee. Tierna y sabia enseñanza.
Un abrazo.
Merced

SHEREZADE dijo...

No tengas la menor duda que fue EL JUNTO CON LA AYUDA DE SUS ÁNGELES LOS QUE SALVARON A TU TÍO.lA FE MUEVE MONTAÑAS.PRECIOSO Y CONMOVEDOR.BESOS.

SILVIA dijo...

La verdad, y de corazon te digo, me toco lo mas intimo de mi , al leerte, me emocione¡¡¡ soy de lagrima floja y estas cosas agravan mi sensibilidad, segui siempre teniendo esa certeza, de que tu rezo fue escuchado, es mejor pensar en eso, tener esa esperanza no???
Emocion especial hoy leerte¡¡¡
Un beso grande

Ardilla Roja dijo...

Lo bueno de escribir en primera persona, es que la gente piensa que son historias autobiográficas, y en algunos casos si tienen mucho de ello, pero este concretamente, aunque haya utilizado imagenes de mi vida, es una historia inventada por completo.

Salió de un ejercicio en el que había que tener en cuenta tres reglas: Tenia que hacer mucho calor, que el protagonista fuese un niño de cinco años, y que en algún momento se hiciese referencia a un objeto religioso.

Gracias Mercedes, Sherezade y Silvia por la visita y el comentario :)

Teresa Cameselle dijo...

Estoy segura de que la fe de un niño mueve montañas, son los únicos que creen en la magia y en poderes superiores en este mundo tan frío y escéptico en el que vivimos.
Un beso.

Normis dijo...

BELLISIMO , SE ME PUSO LA PIEL DE GALLINA CUANDO LO LEI , ESTOS MOMENTOS SON LOS QUE VALEN LA PENA EN LA VIDA , DARNOS CUENTA DE LO QUE REALMENTE VALEMOS Y VOLCARLO EN UNA ORACION .........UNA BELLEZA TU CASITA , VOLVERE

Anónimo dijo...

A las buenas noches:
Qué cosa más linda de relato, y es cierto, yo soy atea desde pequeña, y sin embargo, reconozco que, quizás sea por la educación recibida, pero cuando voy a la iglesia (mencanta ese ambiente pedigüeño que allí se respira) le dejo a los pies del cristo un bote de betadine, caducao, total, es de piedra, pero betadine.
Cienes de besitos pal andando y cienes de y pico de abrazos.
Shi.

Neogeminis dijo...

Todo se ve mucho más simple desde la mirada de un niño...quizás sea una actitud más sabia conservar esa inocencia.


abrazos!

Sinuhe dijo...

Jo Ardillita, que cuento más chulo. Me has transportado a aquellos veranos en la casa del pueblo. En la mente de los niños la realidad siempre se presenta de un modo diferente, quizás más real incluso que la que los adultos vemos.

Chulo,chulo, te felicito.

Besitoss y nueces.

Ardilla Roja dijo...

Gracias, queridas por vuestros comentarios.
Es un placer veros por aqui

Ardilla Roja dijo...

Esto de los blogs es lo que tiene, que la gente está en tu casa, y no la ves hasta que se ha ido!

Gracias Sinuhé! Por la nuez y tu comentario :)

Neogeminis dijo...

Hola!
yo otra vez!
Pasaba a comntarte que desde ayer que en tu actualización me aprece un arbolito de Navidad con uan entrada Felices Fiestas del año pasado! vaya a saber por qué es eso lo que me quedó enlazado! Veré si lo puedo resolver...en todo caso...seguiremos festejando, ajjajajaa

Cardenal Farenas dijo...

Bellísima historia, llena de fe y esperanza. Caramba!! esas miradas de niños...!! Muy hermoso amiga.

Quería pedirte el favor para antes de publicar tu cuento de mañana, copies la última lista de participantes actualizada con los cambios que algunos han solicitado.

Gracias y ya casi!!! Más bendiciones

SHEREZADE dijo...

ARDI...DOLOR DE CABEZA ..NUNCA LO IMAGINE,PERO SI VUELVES Y LEES LO QUE HE AÑADIDO ,QUIZAS ENTIENDAS MEJOR EL SIGNIFICADO.UN BESO

Teresa Cameselle dijo...

A mí también me ha aparecido un arbolito de Navidad y un "Felices Fiestas", y claro llegué a la obvia conclusión de que si Mercedes decidió felicitarnos San Valentín en enero, tú nos felicitabas la Navidad en febrero, total, los chinos deben de andar ahora celebrando el año nuevo ¿no?
La bloggería que se ha vuelto majara.

Mimí dijo...

¡Qué bonito te está quedando!
Ya sabes que vendré a cascar avellanas y a saltar por los árboles.
El piano a dos manos me lleva de un lado a otro, golpes contrapuestos o alineados a destiempo que pasan a los bosques de bambú, donde no sé si habrá ardillas, pero si gigantes osos amorosos, panda.
Bueno, que me emociono y puedo agotarte la tira de comentarios con el mío sólo si continúo así.
Un abrazo y muchas nueces.

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Home (Casa) - una película de Yann Arthus-Bertrand

Aprovechando la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio del 2009 se estrenó el largometraje documental “Home”, una producción que se filmó durante año y medio en 54 países, y que muestra imágenes aéreas de la degradación de la Tierra a causa de la actuación humana sobre el planeta.

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